miércoles, 16 de noviembre de 2016

Jhin El Virtuoso

Jhin es un meticuloso criminal psicópata que ve el asesinato como arte. Otrora prisionero jonio, fue liberado gracias a la influencia del sector más sombrío del consejo de Jonia. Ahora, el artista en serie trabaja como su asesino. Con su pistola como pincel, la obra de Jhin muestra un arte brutal, tanto para las víctimas como para los espectadores. Encuentra un cruel placer en la escenificación atroz, lo cual lo convierte en un candidato sin igual para mandar el más poderoso de los mensajes: el terror.
Durante años, las montañas al sur de Jonia sufrieron el acoso del "demonio dorado". A lo largo y ancho de la provincia de Zhyun, un monstruo masacraba a los viajeros y a veces incluso granjas enteras, dejando a su paso una retorcida exhibición de cadáveres. Se armaron milicias para peinar los bosques, las ciudades contrataron a cazadores de demonios y los maestros Wuju patrullaban las calles, pero nada frenaba la obra de la bestia.
El consejo de Zhyun, desesperado, envió una petición de ayuda al gran maestro Kusho. Tras oír los apuros en los que se encontraba su región, Kusho fingió poner una excusa y denegar la petición de ayuda. Pero pasada una semana, el maestro, su hijo Shen y su aprendiz estrella Zed se dirigieron a la provincia, haciéndose pasar por mercaderes. Visitaron en secreto a las incontables familias que habían quedado emocionalmente destrozadas, analizaron minuciosamente las escenas del crimen, y buscaron posibles conexiones o patrones en los asesinatos.
La investigación les llevó cuatro largos años, y los tres dejaron de ser los mismos. La famosa melena roja de Kusho se volvió blanca; Shen, cuyo ingenio y humor eran bien conocidos, se volvió taciturno; y Zed, la estrella más prometedora del templo de Kusho, comenzó a tener problemas con sus estudios. Cuando encontraron un patrón en los asesinatos, la declaración del gran maestro fue: "El bien y el mal no son verdades absolutas. Ambos nacen del hombre, y cada uno ve las sombras de un modo distinto".
La captura del "demonio dorado", representada en varios poemas épicos, fue la última gran hazaña en la ilustre carrera del maestro Kusho. Durante la víspera del Festival Floral, celebrado en el paso de Jyom, Kusho se disfrazó como un maestro calígrafo para pasar desapercibido entre el resto de artistas invitados. Y después, esperó. Todo el mundo asumía que solo un espíritu perverso podría ser capaz de cometer semejantes atrocidades, pero Kusho sabía que se trataba de un hombre corriente. El renombrado "demonio dorado" no era más que un mero tramoyista que trabajaba en los teatros ambulantes de Zhyun y en las óperas bajo el nombre de Khada Jhin.
Cuando capturaron a Jhin, el joven Zed se dispuso a acabar con la vida del hombre, encogido de miedo, pero su maestro se lo impidió. A pesar del horror de las acciones de Jhin, el legendario maestro decidió que el asesino debía ser llevado vivo y encarcelado en la prisión de Tuula. A pesar de su desacuerdo, Shen aceptó el juicio de su padre. Zed no logró librarse de los horrores que había presenciado, y fue incapaz de comprender o aceptar su piedad; se dice que el resentimiento comenzó a aflorar en su corazón.
El tímido y educado Khada Jhin no reveló gran cosa sobre sí mismo durante sus años de reclusión en Tuula; incluso su nombre real siguió siendo un misterio. Durante ese tiempo, los monjes se percataron de que era un alumno excelente en varios ámbitos como la forja, la poesía y el baile. No obstante, ni ellos ni los guardias consiguieron averiguar el modo de eliminar sus mórbidas fascinaciones.
Fuera de la cárcel, la agitación se instaló en Jonia debido a la invasión del imperio Noxiano. La guerra cambió a la tranquila nación, y se acrecentó el ansia de sangre. La paz y el equilibrio que el maestro Kusho había luchado por proteger se quebraron desde dentro en el momento en que corazones teñidos de oscuridad se hicieron con el poder y se formaron alianzas secretas que competían por ganar influencia. Desesperados por igualar el poder de los ninjas y los espadachines Wuju, algunos de los miembros del consejo conspiraron para liberar en secreto a Jhin y convertirlo en un arma del terror.
La magnitud de las "representaciones" de Jhin creció desmesuradamente, pues ahora tenía acceso a las nuevas armas del Kashuri y fondos casi ilimitados. Su obra sembró el pánico en varios dignatarios y también en la política clandestina jonia. Sin embargo, ¿cuanto tiempo aguantaría un asesino en serie sediento de atención trabajando desde las sombras?

martes, 15 de noviembre de 2016

Lux La Dama Luminosa

Luxanna, nacida en el seno de la prestigiosa familia Crownguard, un linaje ejemplar al servicio de Demacia, estaba destinada a hacer grandes cosas. Única hija del clan, disfrutó de una educación superior y de las suntuosas fiestas que acostumbraban a celebrar las familias ilustres como la suya. A medida que fue madurando, empezó a demostrar que tenía un don especial. Sabía hacer trucos para hacer que la gente creyera que había visto cosas que no existían. Era capaz de pasar desapercibida por delante de los demás. De alguna manera, podía anular los hechizos mágicos arcanos después de ver una sola vez cómo los lanzaban. Era considerada un prodigio y logró granjearse el afecto del Gobierno, el Ejército y el pueblo de Demacia.

Era una de las mujeres más jóvenes que el Colegio de la Magia había puesto a prueba y con el tiempo se supo que podía controlar la luz a voluntad. La joven Lux lo consideraba un don único, algo que podía aprovechar y utilizar para hacer el bien. El Ejército demaciano, conocedor de su extraordinaria habilidad, la reclutó y la entrenó para encomendarle misiones secretas. Lux no tardó en hacerse un nombre gracias a sus valerosos actos, el más peligroso de los cuales la llevó hasta las mismas cámaras del Alto Mando Noxiano. Consiguió información de gran valor sobre el conflicto entre Noxus y Jonia, con lo que se ganó el favor de los demacianos y los jonios. Sin embargo, las operaciones de reconocimiento y vigilancia no eran para ella. El verdadero deseo de Lux, la luz de su pueblo, era ingresar en la Liga de Leyendas, donde podría seguir los pasos de su hermano y utilizar sus dones para dar ejemplo a toda Demacia.

''Su luz refulgente agota al enemigo, pero este debería temer el momento en que aquella se apague''.
- Garen, El Poder de Demacia

Xin Zhao El Senescal de Demacia

''La muerte es inevitable; solo es posible evitar la derrota''.
Cuando Jarvan III, rey de Demacia, pronuncia una de sus arengas desde el reluciente balcón de mármol del Palacio Real, Xin Zhao aparece siempre junto a él. Nombrado Senescal de Demacia, Xin Zhao es el secretario personal de la dinastía Escudo de Luz. Su discreta y enigmática vigilancia ha provocado numerosas conjeturas relativas a su ''vida secreta'' y sus orígenes. Ya sea un ''agente doble de Zaun'' que vive a expensas del rey o un ''mago rúnico agradecido'' enfrascado en la redacción de la ''Constante demaciana'', Xin Zhao no deja escapar una sola pista que sacie la curiosidad de las gentes, y tiene sus razones.
Años atrás, Noxus era célebre por un espectáculo llamado La Carnaza. Se trataba de un festejo de gladiadores con una peculiaridad salvaje: a medida que el gladiador iba superando enfrentamientos, aumentaba el número de rivales (prisioneros de guerra, por lo general) contra los que tenía que luchar a la vez. Esto suponía la muerte para cualquier participante; eso sí, en medio de un baño de gloria. Xin Zhao, entonces conocido como Viscero, estaba destinado a enfrentarse a 300 soldados, una cantidad seis veces mayor que el récord anterior. Estaba claro que sería su último combate.
Jarvan II, al saber de esta proeza sin precedentes, se infiltró en el circo para ofrecerle una alternativa: ponerse al servicio de Demacia y castigar a quienes lo habían sentenciado a muerte, obteniendo a cambio su libertad. Xin Zhao aceptó, sorprendido de que un rey pusiera en riesgo su vida para salvarlo. Al amparo de un asalto a Noxus previamente planeado, Jarvan liberó a Xin Zhao y a sus 300 rivales. Durante la retirada, Xin Zhao recibió un dardo envenenado que iba destinado a Jarvan. Este acto de lealtad por parte de un hombre que se jactaba de no aceptar obediencia alguna le valió a Xin Zhao un puesto al lado del rey hasta el día de su muerte.

Actualmente al servicio de su hijo, Jarvan III, Xin Zhao sigue luchando en defensa de su patria adoptiva y para honrar el legado del hombre que dio un motivo a su vida.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Vayne La Cazadora Nocturna

El mundo nunca es tan civilizado como la gente piensa. Aún hay algunos que siguen las sendas más negras de la magia y son corrompidos por los poderes más oscuros que fluyen en Runaterra. Shauna Vayne lo sabe bien.
Creció en el corazón privilegiado de la élite de Demacia, donde su padre intentó convencerla de que el ojo vigilante de la policía nunca descansaba. Joven e ingenua, creía que su mundo era completamente seguro, hasta una noche en que una malvada bruja se fijó en su padre. Después de superar a su guardia personal, torturó a su familia hasta asesinarla. La joven Shauna consiguió huir, ocultándose y huyendo cuando la hechicera se hubo marchado. En su caminar, aún podía oír los gritos de aquellos a los que había amado, torturándola. Ese día germinó en ella un odio ardiente, uno que ya nunca podría apagarse.
Vayne consiguió salir adelante con el dinero de su padre, y empezó a adiestrarse en cuanto un instructor la aceptó entre sus alumnos. Cuando llegó a la edad adulta, ya era una guerrera sombría e inexorable. Sin embargo, no estaba destinada a morar en los campos de batalla.
Demacia necesitaba un protector, alguien que persiguiese a los que se habían entregado a la oscuridad. Shauna usó los contactos de su familia para convertirse en la primera Cazadora Nocturna. Hoy, sus gestas se han vuelto legendarias. Se dice que aquellos que practican las artes oscuras tiemblan al oír que la Cazadora Nocturna está cerca.

No todas las sombras deben ser temidas. Al menos, no si Vayne está cerca.

Garen El Poder de Demacia

En todo Valoran, la determinación de los soldados de Demacia se celebra o se desprecia, pero siempre se respeta. Este código moral de ''cero tolerancia'' es defendido de forma estricta tanto por soldados como por civiles. En el combate, esto significa que las tropas demacianas no pueden poner excusas, huir ni rendirse bajo ninguna circunstancia. Estos principios los transmiten a las tropas demagogos incomparables que lideran con su ejemplo. Garen, el valiente guerrero que ostenta el título de ''El poder de Demacia'', representa el paradigma para ellos. Miles de héroes grandiosos surgieron y desaparecieron en los cruentos campos de batalla entre Demacia y su rival supremo, Noxus. Fue bajo sus poderosos estandartes bélicos donde Garen cruzó su espada por primera vez con Katarina, la Daga Siniestra. La infantería que fue testigo de este evento, y que sobrevivió a él, comentó que parecía como si ambos estuviesen atrapados en un vals mortal, luchando contra una sinfonía de chasquidos metálicos.

Garen, orgullo del ejército demaciano y líder de la Vanguardia Intrépida, regresó sin aliento de la batalla por primera vez en su carrera, aunque algunos especulan con que esto pudo no haberse debido al agotamiento. La credibilidad de estos rumores se consolidó cuando, a partir de ese momento, Garen aprovechó todas las oportunidades que tuvo de encontrarse de nuevo con la Daga Siniestra. Ejemplo de la ética demaciana, Garen nunca tomó en consideración estas alegaciones, ya que sabía que los demás no lo entenderían. Para un verdadero guerrero, incluso la mera búsqueda de un rival valioso en el campo de batalla supone un motivo para levantarse cada mañana. La promesa de encontrarse con uno (sobre todo cuando es tan bello y diametralmente opuesto como en este caso), constituye el verdadero sentido de su existencia. 

''El modo más eficaz de matar a un oponente es atravesar con la espada al hombre que tiene a su lado''.
-- Garen, sobre estrategia avanzada.

Irelia La Voluntad de las Cuchillas

'La espada baila, entonando su melodía de sangre.''
Los jonios, en su continua búsqueda de la iluminación, desarrollaron una de las artes marciales más asombrosas y letales de toda Runaterra. Sin embargo, el estilo de lucha más destacado surgió a raíz de una intervención extranjera.
El Maestro Lito era un espadachín cuyas enseñanzas eran valoradas por las clases gobernantes de casi todas las ciudades estado. Su arte era un secreto celosamente guardado, pero se decía que las espadas cobraban vida cuando él las empuñaba. Murió de repente a consecuencia de una misteriosa enfermedad que desconcertó a los médicos más brillantes de Runaterra. Al morir dejó atrás a sus hijos Zelos e Irelia, y un arma única como ninguna otra. Zelos llegó a sargento del ejército jonio y partió para solicitar el apoyo de Demacia antes de que Noxus invadiera Jonia. Irelia, encargada de proteger su hogar hasta el regreso de Zelos, se vio sola cuando las tropas noxianas atacaron.
Los jonios lucharon con coraje, pero su sangre no tardó en encharcar una tierra pisoteada por botas extranjeras. En la Gran Batalla del Placidium los jonios se dispusieron a rendirse, pero decidieron continuar resistiéndose cuando la joven Irelia alzó la imponente espada de su padre y juró que seguiría luchando hasta que su hermano regresara. En el fragor de la subsiguiente contienda, Irelia fue maldita con la oscura nigromancia noxiana.

Cuando ya apenas le quedaban fuerzas, Soraka, hija de las estrellas, hizo un último esfuerzo para mantener su alma moribunda. Poco dispuesta a abandonar a los suyos, Irelia, al borde de la muerte, se puso en pie, momento en que la espada de su padre se colocó flotando a su vera. Irelia avanzó corriendo hasta la vanguardia, impasible ante la vida que la espada había cobrado de súbito. El arma danzaba grácilmente a su alrededor, reduciendo a los noxianos, que contemplaban el espectáculo horrorizados. Los invasores, diezmados, se vieron obligados a retirarse del Placidium. Irelia fue nombrada capitana de la guardia jonia en reconocimiento al valor mostrado durante la defensa de su hogar.

Miss Fortune la Cazarrecompensas

Miss Fortune, la Cazarrecompensas
Mayor el riesgo, mayor la recompensa”.
Belleza y peligro: son muy pocos los que pueden igualar a Miss Fortune en tales atributos. Es una de las cazarrecompensas más infames de Aguasturbias, que creó su leyenda sobre un reguero de cadáveres acribillados y holgazanes capturados. El eco atronador de sus pistolas gemelas rebota en los hediondos atracaderos y las míseras casuchas de la ciudad portuaria, como señal inequívoca de que otra riña por un botín de los más buscados se está llevando a cabo.
Al igual que la mayoría de los que alcanzan la fama en el retorcido laberinto incrustado de sal de Aguasturbias, Miss Fortune tiene las manos empapadas de sangre. Pero no siempre fue así, ya que alguna vez fue conocida como Sarah, la amada hija de una famosa pistolera que vivía pacíficamente en su solitario taller en una isla. La joven Sarah ayudaba a su madre en la forja: limando seguros, calibrando gatillos o fundiendo pistolas personalizadas. La habilidad de su madre en la creación de armas de fuego era legendaria y sus pistolas, hechas a la medida, se encontraban en las colecciones de muchos nobles ricos. Pero, con frecuencia, las codiciaban gente despiadada y de corazón oscuro.
Una de esas personas era un saqueador de Aguasturbias de recientes y exitosas correrías llamado Gangplank. Arrogante y seguro de su poder, le exigió a la madre de Sarah que le hiciera un par de pistolas que fueran únicas en todo el mundo. Así, un trato renuente fue pactado y exactamente un año después Gangplank volvió por sus armas. Llevaba puesto un pañuelo rojo sobre la cara y no tenía intenciones de pagar por lo que había pedido. Planeaba llevarse las armas por la fuerza.
Las pistolas que la madre de Sarah había creado eran realmente una obra de arte: cañones de mano gemelos, de gran belleza y letalidad precisa. Demasiado buenas para alguien como aquel hombre sin escrúpulos, declaró la madre de Sarah al ver al bruto corsario en el que se había convertido Gangplank. Furioso, Gangplank se apoderó de las armas y le disparó con su propia creación, antes de apuntarlas contra el esposo y la mismísima Sarah. Luego, lleno de resentimiento, le prendió fuego al taller y arrojó ambas pistolas al suelo, declarando que si eran demasiado buenas para alguien como él, entonces nadie podría tenerlas.
Sarah despertó en el centro de una escena atroz: su rubio cabello manchado con sangre y un par de balas alojadas en ambos costados del corazón de su madre. Se arrastró por las ruinas en llamas de su hogar, con los restos de las pistolas aferrados a su pecho sangrante. Su cuerpo sanó, pero parte de su mente quedó para siempre atrapada en el taller de su madre consumido por el fuego y no hubo jabón suficiente que pudiera quitarle el vívido rojo de su cabello; o al menos eso cuenta la historia. Interminables pesadillas comenzaron a atormentarla a partir de entonces, pero Sarah aprendió a sobrellevarlas con una consumidora obsesión de venganza. Reparó las pistolas de su madre y averiguó lo más que pudo acerca del saqueador del pañuelo rojo mientras iba ascendiendo al poder, preparándose para el día en el que estuviera lista para asesinarlo.
Tras embarcarse a Aguasturbias, Sarah mató a su primera víctima, a minutos de pisar las torcidas tablas del muelle: un pirata borracho con un galón de Oscuro de Myron en la panza y un precio por su cabeza. Sarah le disparó en medio de su estupor y arrastró el cadáver hasta la pizarra de los más buscados, de la que arrancó una docena de carteles más.
En una semana, había cobrado cada uno de esos botines, y los criminales con la mala fortuna de haberse atravesado en el camino de Sarah estaban muertos o tras las rejas. Se ganó rápidamente una temible reputación en las tabernas y clubes de apuestas de Aguasturbias. Se convirtió así en Miss Fortune, la Mala Fortuna, para inspirar miedo en sus víctimas y ocultar sus verdaderas intenciones cobrando fama con extravagantes hazañas. Gangplank jamás la reconocería; sería solo otra cazarrecompensas más en las transitadas calles de Aguasturbias.
Con el paso de los años, las historias sobre Miss Fortune se propagaron por todos lados y cada una era más impresionante que la anterior. Capturó el Sirena de un capitán que descubrió de la peor manera lo que significa meter la mano donde no se debe, ahogó al jefe de los Corsarios Cuchillo de Seda en uno de sus propios barriles de ron y sacó al Destripador Demente de su guarida, el estómago de un leviatán descuartizado, los muelles del matadero.
Gangplank todavía era demasiado poderoso como para enfrentarlo de manera abierta, así que Miss Fortune pasó los años entre la astucia y la intriga, rodeándose de un pequeño pero leal grupo de aliados y amantes que al final usaría para despojarse de sus demonios. Pero matar a Gangplank nunca sería suficiente para Miss Fortune. Solo humillarlo por completo y reducir a cenizas todo lo que le fuera querido podría satisfacer a la cazarrecompensas de cabello rojo como la sangre.
Y ese día por fin llegó.
Miss Fortune lo arriesgó todo para ejecutar su primera maniobra contra Gangplank. Tras hilar tramas complicadas sobre otras, el Masacre terminó hecho pedazos y envuelto en llamas junto al muelle, con el autoproclamado Rey de Aguasturbias finalmente destronado. Y lo mejor fue que toda Aguasturbias lo vio caer.
Ahora, con Gangplank derrocado, los capitanes saqueadores y jefes pandilleros de la ciudad portuaria compiten por ocupar su lugar.
La batalla por Aguasturbias ha comenzado.
El Muelle Blanco de Aguasturbias debe su nombre a la capa de excremento de pájaro que lo cubre de extremo a extremo, algo de esperarse de un lugar a donde van a parar los muertos. La gente de aquí no enterraba a los cadáveres; los regresaban al mar. Un cementerio de muertos sumergidos cuyas tumbas colgaban suspendidas en las frías profundidades, marcadas por cientos de boyas. Algunas eran meros carteles con nombres; otras, elaborados marcadores de tumbas tallados con el fin de recrear krakens o mozas voluptuosas.
Miss Fortune se sentó sobre un cajón vacío de Ron el Rapto al fondo del muelle, con las piernas cruzadas y un nocivo cigarro colgando de su labio inferior. En una mano, sostenía un respirador conectado a un ataúd a medio sumergir que flotaba a poca profundidad en el agua. En la otra, sujetaba una cuerda deshilachada que pasaba por un oxidado bloque de poleas y terminaba atada a la tapa del ataúd. Sus dos pistolas estaban enfundadas y a corto alcance.
La luz de la luna reflejaba un leve brillo a través de la niebla que llegaba del mar, tiñendo la sucia superficie del agua de un color amarillo tabaco. Gavias carroñeras graznaban alineadas sobre cada uno de los pandos tejados que rodeaban el muelle, lo que siempre indicaba un buen augurio, pues aquellas aves reconocían mejor que nadie los indicios de una buena pesca.
—Ya era hora —murmuró, cuando un hombre con la cabeza afeitada y una casaca de escamas de dragón apareció en el estrecho callejón repleto de escombros. Un grupo de ratas de muelle de dientes afilados lo seguía, con la esperanza de que estuviera ebrio, se desmallara y verlo convertirse en presa fácil para ellas. Su nombre era Jakmunt Zyglos, uno de los Hermanos Pintados. Cualquier corsario de hueso salado tenía tatuajes, pero cada centímetro de Zyglos estaba cubierto de serpientes con garras, nombres de amantes y registros de cada barco que hundió y hombre que mató. Su piel era una confesión tan válida como cualquier otra que ella hubiera visto.
Avanzó con determinación por el muelle, pero sus ojos que se movían cautelosos de lado a lado delataron su falsa seguridad. Su mano aferró el sable largo, con filo hecho de dientes de tiburón, que le colgaba de la cintura. Él también poseía un arma de fuego, una llamativa carabina con tubos cristalinos a lo largo del cañón.
—¿Dónde está? —exigió Zyglos.— Dijiste que lo traerías.
—¿Es esa una maldita carabina hex de Piltóver? —preguntó ella, ignorando la pregunta de él.
—¡Contéstame, maldita sea!
—Tú primero —dijo Miss Fortune, tirando un poco de cuerda de la polea y hundiendo un poco más el ataúd—. Después de todo, no sé cuánto más va a durar este respiradero y no querrás que tu hermano se quede sin aire, ¿o sí?
Zyglos tomó una bocanada de aire y vio Miss Fortune cómo se relajaba.
—Sí, maldita sea, es de Piltóver —dijo mientras desenfundaba el arma y se la extendía por el seguro del gatillo.
—Es de las caras —dijo Miss Fortune.
—Tú eres la experta —dijo él con desprecio.
Ella soltó aún más cuerda. Salieron burbujas de aire del ataúd, ahora completamente sumergido. Zyglos levantó las manos, con el arrepentimiento volcándosele de los ojos.
—¡De acuerdo! ¡De acuerdo! —suplicó—. Es tuya. Sácalo de ahí. Por favor.
—¿Vendrás en calma?
Zyglos dejó salir una carcajada fatalista.
—¿Qué alternativa tengo? —preguntó—. Hundiste mis barcos y mataste a todos mis hombres. Mandaste a mi gente a la miseria o a los galeotes, ¿y para qué? ¿Por una maldita pistola hex robada? ¿Por un botín?
—¿Por ambas cosas y un poco más?
—Entonces, ¿cuánto valgo para ti, perra?
—¿Cuánto? Quinientas serpientes de plata.
—¿Todo este alboroto por unas míseras quinientas serpientes?
—El dinero no es lo que te terminará matando. Es el hecho de que eres uno de los hombres leales a Gangplank —dijo Miss Fortune—. Por eso te quiero muerto.
—¿Muerto? ¡Espera, la recompensa dice vivo!
—Sí, pero nunca fui buena para seguir instrucciones —dijo Miss Fortune antes de soltar la cuerda y el respiradero. El ataúd se sumergió en la oscuridad de los muertos de las profundidades dejando por todo vestigio un montón de agitadas burbujas. Zyglos gritó el nombre de su hermano y corrió en dirección a ella, desenfundando su afilada espada. Ella dejó que se acercara lo suficiente antes de sacar sus pistolas y dispararle con ambos barriles, uno al ojo y otro al corazón.
Miss Fortune escupió el cigarro al mar y sopló el humo de cada cañón.
—Defensa personal —dijo con una sonrisa, practicando la mentira que le diría a los comisarios de recompensas—. El muy idiota se me vino encima con una espada llena de dientes. No tuve otra opción.
Miss Fortune se agachó para recoger la carabina hex caída. Giró el arma en sus manos. Demasiado liviana para su gusto, pero muy bien hecha y absurdamente letal. El fantasma de una sonrisa apareció por un segundo en su rostro al recordar el calor del viejo taller, el aroma a aceite de pistola y la sensación de la mano de su madre en su hombro. Miss Fortune suspiró y sacudió el recuerdo de su cabeza antes de que se volviera amargo. Lanzó la pistola al agua, dejando que se hundiera entre los muertos. El mar exigía su tributo después de todo, y además no había mentido: el arma valía una pequeña fortuna.
Se quedó de pie y luego caminó de regreso a Aguasturbias. Sabía que tenía que lanzar el cuerpo de Zyglos al agua, pero las ratas del muelle y las gavias carroñeras también necesitaban comer, ¿o no?
Y la carne fresca era un lujo poco común en el Muelle Blanco.

Katarina La Cuchilla Siniestra

Movida por un intenso instinto asesino, Katarina usa sus talentos como asesina en beneficio de la gloria de Noxus y de la continua elevación de su familia. Aunque su fervor la suele impulsar a realizar hazañas cada vez mayores, en ocasiones puede ser el motivo por el que se aleja del buen camino.

Ya desde la infancia, Katarina demostró tener un talento natural para el combate. Al ser la hija de un destacado general noxiano, se le abrieron muchas puertas… Pero ella las rechazó todas para seguir la senda de la espada. Katarina fue entrenada por los mejores asesinos de Noxus, siendo su padre el mejor de todos ellos, y no tardaría en recibir su primera misión. La tarea que le encomendaron era tremendamente sencilla: asesinar a un oficial demaciano de baja categoría. Cuando se estaba infiltrando en el campamento enemigo para cumplir con su deber, Katarina se encontró con una oportunidad demasiado jugosa como para desaprovecharla: la llegada de un general demaciano. Lo siguió hasta su tienda, se deshizo silenciosamente de sus guardias y le rebanó la garganta. Katarina desapareció en la noche, satisfecha con su impresionante asesinato. Su euforia desaparecería al día siguiente, cuando su objetivo original, el oficial demaciano, lideró a sus fuerzas en una emboscada a soldados noxianos desprevenidos. Aunque los noxianos lucharon con valentía, sufrieron muchas bajas. Furiosa por su error, Katarina fue a completar su misión original. Regresó al campamento y espió a su objetivo, el cual estaba ahora muy bien protegido. Ya no sería posible llevar a cabo una muerte sigilosa. Katarina desenvainó sus espadas y juró que el oficial moriría a cualquier precio. Saltó al combate, liberando un auténtico torbellino de acero. Uno a uno, los guardias caían entre los destellos de las espadas. Con cada golpe, Katarina estaba un paso más cerca del oficial. El lanzamiento final de una daga restauró su honor. Llena de sangre y moratones, Katarina consiguió escapar por un pelo de las fuerzas demacianas para regresar a Noxus totalmente cambiada. La cicatriz que le quedó de esa noche le sirve como recordatorio permanente de que no debe dejar nunca que la pasión interfiera con su deber.

''Nunca cuestiones mi lealtad. Nunca sabrás lo que debo soportar por ella.''
-- Katarina

Lee Sin El Monje Ciego

Desde adolescente, Lee Sin estaba decidido a convertirse en invocador. Su voluntad y dedicación no tenían parangón y su habilidad atrajo la atención de Reginald Ashram, el Alto Consejero de la Liga por ese entonces. Mientras estudiaba en el Arcanum Majoris, Lee Sin se sentía frustrado por la lentitud de las clases, adaptadas para el resto de los alumnos. Dedicó su tiempo libre a estudiar los pormenores del arte de la invocación con la esperanza de graduarse antes. Realizó avances asombrosos en sus estudios y dejó atrás a los demás estudiantes. Todo indica que se hubiera convertido en uno de los mayores invocadores de la Liga de no haber sido por un terrible error. Dominado por la impaciencia, decidió probar su habilidad invocando una bestia de las Selvas de la Peste. Lo que apareció en su lugar fue un niño pequeño, pero no de una pieza. Apenas tuvo tiempo de verle la cara antes de que el muñeco roto que había sido su cuerpo cayera al suelo sin vida. Una investigación de la Liga reveló posteriormente que toda la aldea del niño había sido arrasada por la energía liberada durante el ritual.

Lee Sin poseía tanto talento que la Liga estaba dispuesta a pasarlo por alto, pero él nunca pudo perdonarse a sí mismo. Abandonó la Academia y viajó para expiar sus culpas al monasterio de Shojin, jurando no volver a practicar la magia nunca más. Años después, tratando de redimir su crimen mediante el martirio, se prendió fuego a sí mismo en protesta por la ocupación noxiana de Jonia. Permaneció así vivo durante semanas, padeciendo una agonía atroz. Sus actos allanaron el camino para un combate de la Liga, en el que Jonia salió victoriosa; sin embargo, cuando por fin le sofocaron las llamas, los ojos se le habían quemado completamente dentro de las órbitas. Aclamado como salvador, renació con deseos renovados de actuar. Se unió a la Liga de Leyendas para seguir redimiéndose con sudor y sangre, las únicas posesiones de un monje de verdad.

''Los actos de una sola persona pueden destruir el mundo, pero los esfuerzos de muchas pueden reconstruirlo''.
-- Lee Sin

Twisted Fate El Maestro De Las Cartas

Twisted Fate, el Maestro de las Cartas“No es una apuesta si no puedes perder...”

Twisted Fate es un afamado experto en juegos de cartas y estafador. Ha apostado y usado su encanto en gran parte del mundo conocido, lo que le ha ganado el odio y la admiración de ricos y tontos por igual. Rara vez se toma las cosas en serio, despierta cada día con una burlesca sonrisa y un descuidado aire de fanfarrón. Por donde se vea, Twisted Fate siempre tiene un as bajo la manga.
Nacido en el pueblo nómade del río Serpentino, el muchacho aprendió la magia de las cartas a muy temprana edad y pronto entendió lo que significaba no agradarle a nadie. Tolerados por los exóticos bienes que producían, pero aislados por sus extrañas costumbres, su gente no era muy bien recibida donde fuera que llevasen sus coloridas barcas de río. Los ancianos decían que así era el mundo, pero el hecho de que se rehusaran a luchar contra ese prejuicio era algo que siempre irritó la sensibilidad del joven muchacho.
Unos hombres que habían perdido su fortuna apostando en los puestos de la gente del río regresaron poco después en medio de la noche para cobrar venganza, con garrotes en las manos e incentivados por un destilado barato. Echaron a la gente del río de vuelta a sus barcos a punta de golpes e insultos, y al final apuntaron sus armas contra la familia del muchacho. Él no lo aguantó más y luchó. Expulsó a los hombres apaleándolos ágilmente con sus propios garrotes.
Orgulloso de lo que había hecho, el muchacho quedó estupefacto cuando su gente le dio la espalda. La represalia iba en contra del código del río y había solo un castigo para ello: el exilio. Todo su mundo se vino abajo. El muchacho vio cómo las barcas de su gente zarparon sin él dejándolo sin nada, solo en el mundo por primera vez en su vida.
Llegó a la adultez pasando de pueblo en pueblo, entrando a los clubes de apuestas de cada ciudad a la que llegaba, donde utilizaba su sobrenatural habilidad con las cartas para ganar dinero y sobrevivir. El hecho de que era capaz de quitarle dinero a los presuntuosos, arrogantes y crueles era para él un valor agregado. Aunque tenía cuidado y dejaba que sus oponentes ganaran algunas manos, pronto aprendió otras formas de luchar cuando algún oponente disgustado intentaba recuperar la fortuna que había perdido.
Al otro lado de una de las mesas, conoció a un tal Malcolm Graves y, al reconocer a un espíritu afín, unió fuerzas con él. Ambos pasaron años armándose una reputación de mala fama por todo Valoran. Con cada estafa, engaño y asalto, el empedernido apostador buscó nuevas y más peligrosas maneras de dominar las cartas.
Su búsqueda terminó de la peor forma cuando un asalto les salió mal, lo que resultó en la captura de Graves. El rivereño, por otro lado, quedó libre por azares del retorcido destino. Las verdaderas circunstancias de lo ocurrido aquella noche y su terrible desenlace fue siempre un misterio, pues el tahúr nunca habla de ello. Buscando volver a empezar, le devolvió su nombre a las aguas para adoptar otro: Twisted Fate, el de la suerte retorcida.
Desde entonces, Twisted Fate ha continuado jugando con la suerte en clubes de bajo y alto nivel, en cada ciudad que visita, donde gana innumerables fortunas a su paso, aunque nadie sabe qué hace con sus ganancias (además de comprar finas vestimentas) ni por qué se esmera tanto en acumular tanta riqueza. Lo han encarcelado con bombo y platillo en varias ocasiones, pero ninguna prisión de Runaterra ha podido atraparlo por mucho tiempo. Twisted Fate nunca está en su celda a la mañana siguiente, y lo único que deja es un naipe como burla y señal de que alguna vez estuvo ahí.
En Aguasturbias, Twisted Fate y Graves por fin pudieron ajustar cuentas. Tras una destructiva batalla y luego de burlar a la muerte por muy poco a manos de Gangplank, el dúo por fin dejó de lado las diferencias y volvió a trabajar en conjunto.
Casi imposible de rastrear, se dice que Twisted Fate se esfuma en el aire cada vez que un enemigo cree tenerlo acorralado. Una habilidad bastante útil para un hombre que ha despajado de su oro a miles de personas...
Toda la gente del Gloriosa Fortuna tenía los ojos puestos en Twisted Fate. Sintió cómo todos los clientes del salón de apuestas lo observaban con una mezcla de envidia, emoción y anticipación maliciosa para que perdiera todo en su última jugada.
Más allá de la avaricia propia de ese tipo de lugares, Twisted Fate sintió un propósito particular en ese sitio, como una soga atada al cuello. Las cartas se retorcían nerviosas, advirtiéndolo del peligro. Sabía que debía retirarse y salir de ahí antes de caer en las manos de quien fuera que estuviera tras él, pero la oportunidad de arruinar al hombre que tenía al otro lado de la mesa era demasiado atractiva como para dejarla pasar.
Le sonrío a su oponente, un avaro mercante que amasó su fortuna con el sudor y la sangre de las azotadas espaldas de los mineros esclavos. Las vestimentas del hombre aquel eran costosas: pieles del Fréljord, cuero artesanal y amuletos marinos de Aguasturbias. En cada dedo tenía un anillo de oro que costaba más de lo que cualquier hombre pudiera ganar en toda una vida. Un humo aromático salía de las pipas, que cubría la fortuna compuesta de dinero, joyas y escrituras que yacía entre ellos, como el acopio de tesoros de un pirata.
Twisted Fate asintió en señal al mercante.—Creo que es su turno, maestro Henmar.
—Conozco las reglas, rata de riachuelo —dijo Henmar, mientras Twisted Fate pasaba sus dedos tatuados en repetitiva espiral por encima de las cartas—. Y no creas que tu sucio juego de manos me va a distraer para que cometa un error.
—¿Distraerlo? —dijo Twisted Fate, demostrando una escueta seguridad con cada gesto. —Declaro que nunca me rebajaría a tan deshonrosas argucias.
—¿No? Entonces, ¿por qué cada tanto miras hacia otro lado? —dijo Henmar—. Escucha con atención, negocio con los mejores y conozco la expresión de un hombre desesperado cuando la veo.
Twisted Fate mostró una pícara sonrisa, cambió las cartas en sus manos y se quitó el sombrero de forma exagerada.
—Es usted astuto, señor. Sin duda —dijo antes de pasear la mirada por la multitud. Era la gente de siempre; hombres y mujeres que esperaban que quien ganara fuera generoso con los que lo rodeaban. Las cartas temblaron cuando los ojos de Twisted Fate se posaron sobre ciertos individuos. Entonces sintió un sabor a leche rancia en la boca. Hacía tiempo que había aprendido a confiar en esa reacción como señal de un inminente alboroto.
Ahí, un hombre con un parche en el ojo y una mujer con cabellos de fuego. Estaban definitivamente armados y conscientes de su naturaleza escurridiza. ¿Los conocía? Probablemente no. ¿Trabajaban para Henmar? ¿Protegían sus riquezas? Poco probable. Alguien como Henmar haría notar que traía acompañantes. Eran cazarrecompensas. Las cartas se agitaban aún más en las manos de Twisted Fate. Las juntó todas y las puso sobre la mesa.
—Tienes el tipo de mirada que me dice que ya sabes que vas a perder —dijo Henmar con el tono de un hombre que cree que todos lo que lo rodean son inferiores a él.
—Entonces, ¿qué tal si hacemos esto aún más interesante, señor? —contestó Twisted Fate, antes de deslizar las cartas como un abanico, al tiempo que observaba cómo los cazarrecompensas se acercaban aún más—. ¿Quiere duplicar la apuesta?
—¿Puedes pagar tanto? —preguntó Henmar con sospecha.
—Definitivamente —dijo Twisted Fate, clavando la mirada en el mercante y sacando un pesado morral de monedas del gran bolsillo de su larga chaqueta—. ¿Y usted?
Henmar se lamió los labios y chasqueó los dedos. Un lacayo detrás del mercante le pasó un morral de monedas similar. El público del Gloriosa Fortuna murmuró en conjunto cuando posó el oro junto al resto que se encontraba en medio de la mesa. Se habían peleado guerras por menos dinero de lo que estaba ahí en juego.
—Tú primero —dijo Henmar.
—Con gusto —dijo Twisted Fate y volteó las cartas al tiempo que los cazarrecompensas se lanzaban al ataque.
El hombre con el parche en el ojo se lazó sobre él con un collar de captura. La mujer gritó su nombre y desenfundó un par de pistolas idénticas.
Twisted Fate pateó la mesa por debajo, lo que lanzó las monedas, cartas y pergaminos por todos lados. Estruendosos balazos dejaron agujeros del tamaño de un puño en la mesa. El collar de captura se cerró, pero cuando se disipó el humo y la gente dejó de gritar, Twisted Fate no estaba en ninguna parte.
Henmar se puso de pie, con el rostro lleno de rabia mientras buscaba a su oponente en vano. Miró los trozos de la mesa dispersos por el suelo y su rostro se puso pálido.
—¿Dónde está el dinero? —gritó—. ¿Dónde está mi dinero?
Habían cinco cartas volteadas en el suelo del Gloriosa Fortuna.
Era una mano ganadora.

Maestro Yi El Espadachín Wuju


A través del ancestral arte marcial del Wuju, el Maestro Yi ha moldeado su cuerpo y aguzado sus sentidos hasta que pensamiento y acción se volvieron la misma cosa. Aunque solo recurre a la violencia como último recurso, la gracia y la velocidad con las que empuña su espada le aseguran que el resultado siempre sea satisfactorio. Como último practicante con vida del Wuju, el Maestro Yi ha dedicado toda su vida a buscar pupilos capaces de continuar con el legado de sus ancestros. 

Ya mucho antes de dominar el Wuju, Yi estaba considerado como uno de los practicantes más habilidosos de este arte marcial místico. No tardaría en demostrar su habilidad cuando los rumores de una invasión noxiana llegaron a su aldea remota. Yi recorrió los campos de batalla de Jonia y fue capaz de cambiar las tornas de la guerra con veloces y letales ataques sobre la vasta infantería de Noxus, dejando en evidencia al Alto Mando Noxiano. Tras reconocer la amenaza que los discípulos del Wuju suponían para su invasión, los noxianos decidieron lanzar un temible ataque químico sobre el hogar de tan letal arte. Aquellos que lograron sobrevivir milagrosamente al veneno acabaron con la mente destrozada y sin cura posible. Del hogar de Yi no quedaron más que simples ruinas.

Al acabar la guerra, Yi regresó a los grotescos restos de su aldea. Allí se convertiría en la última baja del ataque. Con el espíritu destrozado, aunque no así el cuerpo, Yi se aferró a la única emoción que quedaba en su corazón: la venganza. Obsesionado con el deseo de castigar a quienes habían destrozado su hogar, Yi se pasó años entrenando en solitario. Se convirtió en un espadachín aún más letal de lo que ya era; pero aun así, el verdadero dominio del Wuju se le resistía.

En la cima de su frustración, su entrenamiento se vio interrumpido por un mono con unos modales inusualmente nobles. Erguido como un hombre, el mono observó e imitó los movimientos de Yi. Éste intentó espantarlo para que se fuese, pero la ágil criatura disfrutaba volviendo contra Yi sus propias técnicas. Con el tiempo, a medida que entrenaba con ese juguetón animal, Yi sintió cómo la ira remitía y, cuando se deshizo de la gran carga que era su odio, consiguió atrapar al mono por la cola. Fue entonces cuando Yi comprendió que nunca llegaría a dominar el Wuju mientras lo quisiese usar para la venganza, de modo que al soltar al mono también se desprendió de su deseo de hacer correr la sangre de su enemigo.

Yi agradeció al mono que le hubiese mostrado algo que se le escapaba y le sorprendió que la criatura le contestase. Deseaba aprender el arte marcial de Yi. Era una petición extraña, pero en ella Yi vio su nuevo camino: el modo de honrar la memoria de sus ancestros era transmitir sus enseñanzas a una nueva generación.

''El filo de la hoja más afilada no es rival para la calma de una mente que está en paz.'' 
-- Maestro Yi

Yasuo El imperdonable

Yasuo es un hombre resuelto, un espadachín ágil capaz de blandir el viento mismo para cortar de tajo a sus rivales. Sin embargo, el que había sido un guerrero orgulloso ha caído en desgracia debido a una acusación falsa que lo ha obligado a luchar desesperadamente por sobrevivir. Con el mundo entero en su contra, hará todo lo que sea necesario para llevar al culpable ante la justicia y restaurar su honor.
Yasuo fue alguna vez un pupilo brillante en una reconocida escuela jonia. Había sido el único estudiante, en toda una generación, capaz de dominar la legendaria técnica del viento. Muchos pensaban que estaba destinado a convertirse en un gran héroe. Sin embargo, su destino cambió para siempre cuando llegó la invasión noxiana. A Yasuo le fue encomendado proteger a un Anciano jonio, pero tontamente creyó que su espada sería lo único capaz cambiar el curso de la guerra y abandonó su guardia para unirse a la batalla. Cuando regresó, se encontró al Anciano asesinado.
Con la honra perdida, Yasuo se entregó voluntariamente, preparado para pagar con su vida aquel error. Sin embargo, se quedó impactado cuando supo que no sólo era acusado de negligencia sino también de asesinato. Pese a su consternación y a estar consumido por la culpa, sabía que si no hacía nada el verdadero asesino se quedaría impune. Yasuo alzó la espada contra su propia escuela y se abrió paso hasta la libertad, sabiendo que con su traición estaba volviendo a toda Jonia en su contra. Completamente solo por primera vez en su vida, emprendió la búsqueda del verdadero asesino del Anciano.
Yasuo pasó los años siguientes vagando, intentando encontrar alguna pista que lo condujera al asesino. Durante todo ese tiempo, sus antiguos aliados lo perseguían sin tregua, forzándolo constantemente a luchar o morir. Su misión lo llevó a seguir adelante, hasta que un día fue descubierto por el enemigo al que más temía: su propio hermano, Yone.
Unidos por el mismo código de honor, los dos guerreros se saludaron y desenvainaron sus espadas. Silenciosos, caminaron lentamente en círculos bajo la luz de la luna. Cuando sus espadas se encontraron, Yone no fue rival para Yasuo; con un solo rayo de acero acabó con su hermano. Yasuo soltó su arma y corrió al lado de Yone.
Embargado por la emoción, le preguntó cómo era posible que su propio hermano lo creyera culpable. Yone respondió: ''Al Anciano lo mataron con una técnica de viento. ¿Quién más podría haber sido?'' Yasuo comprendió entonces por qué lo habían acusado. Declaró su inocencia una vez más y le pidió perdón a su hermano. Las lágrimas recorrieron el rostro de Yasuo cuando vio morir a su hermano entre sus brazos.
Yasuo enterró a Yone bajo el sol naciente, pero no se quedó a llorarlo por mucho tiempo. Pronto vendrían otros más a perseguirlo. La revelación de su hermano le había proporcionado un nuevo propósito; ahora tenía la pista que necesitaba para encontrar al verdadero asesino. Realizando un juramento, reunió sus pertenencias, echó un último vistazo a la tumba de Yone, y partió con el viento a sus espaldas.

ZED EL MAESTRO DE LAS SOMBRAS


Zed es el primer ninja en 200 años que ha desbloqueado las antiguas artes prohibidas. Desafió a su clan y a su maestro, rompiendo con el equilibrio y la disciplina que lo habían encadenado durante toda su vida. Ahora, Zed ofrece poder a quienes abrazan el conocimiento de las sombras, y masacra a aquellos que se aferran a la ignorancia.

Zed era un huérfano que fue acogido y entrenado por un gran maestro ninja. Solo había otro estudiante que estaba al nivel de Zed: Shen, el hijo del maestro. Parecía que Zed nunca podía ganarse el favor de su maestro, dado que todo combate entre ellos acababa en empate. Frustrado y celoso, buscó la forma de tener ventaja. El joven ninja se adentró en una zona sellada del templo del clan, donde encontró una caja ornamentada y premonitoria. Zed sintió el oscuro conocimiento que ocultaba dentro y sabía que no debería abrirla, pero pese a todo miró en su interior. Al instante, las sombras le tocaron la mente y le revelaron técnicas que llevaban mucho tiempo ocultas. Armado con este secreto, desafió a Shen y, en esta ocasión, logró derrotar al hijo del maestro. Creía que iba a recibir alabanzas y reconocimiento por su victoria, pero de algún modo el maestro sabía que Zed había usado artes prohibidas y lo desterró.

Humillado, el joven ninja vagó durante años. Su tristeza se convirtió en ambición, y empezó a entrenar a otros en el estilo de las sombras. A medida que aumentaba su poder, también aumentaba su círculo de seguidores, aunque sabía que sin la caja su técnica nunca sería perfecta. Un día, Zed observó a sus seguidores y vio que sus estudiantes eran ahora un ejército. Los llevó de vuelta al templo para reclamar su premio. En las puertas, le sorprendió ver que su viejo maestro los esperaba, recibiendo a Zed y a sus discípulos como si fuesen invitados bienvenidos. El anciano puso su espada a los pies de Zed, declarando que le había fallado como maestro. Al desterrar a su antiguo alumno, el maestro había condenado a Zed a las sombras en vez de guiarlo por el camino del equilibrio. El anciano le imploró a Zed que entrase en el templo, destruyese la caja y llevase a sus seguidores hacia el equilibrio. El ninja oscuro siguió a su maestro hacia el interior. Momentos después, los ninjas allí reunidos oyeron a Zed gritar de dolor. Misteriosamente, volvió a salir ileso y lanzó la cabeza cortada de su maestro a los pies de Shen. Gritando de ira, Zed ordenó a sus seguidores que masacraran a los estudiantes del maestro y consiguieran la caja.

Aquel día fue la caída de la vieja orden ninja. Aunque muchos estudiantes murieron, algunos escaparon gracias a los heroicos esfuerzos de Shen. Ahora, el templo es un oscuro campo de entrenamiento para la Orden de la Sombra. Zed es el maestro de la Orden, y su mandato es sencillo: perfeccionar la técnica propia y matar a todos los ninjas que se niegan a abrazar las sombras.

''El equilibrio es una mentira. Nosotros somos los auténticos ninjas''.

-- Zed